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Bom Jesus do Bacalhau • Piranga – MG

Romeros

Los Diez Mandamientos explicados

Texto del Manual del Peregrino – Santuário do Senhor Bom Jesus do Bacalhau – Piranga/MG, 2026.

Cuando hablamos de los Mandamientos, nos referimos especialmente a los Diez Mandamientos, al Decálogo. “La palabra ‘Decálogo’ significa literalmente ‘diez palabras’. Estas diez palabras, Dios las reveló a su pueblo en la montaña sagrada [en el Sinaí¹] [...] Son palabras de Dios en un sentido eminente y nos han sido transmitidas en el Libro del Éxodo y en el del Deuteronomio. Desde el Antiguo Testamento, los libros santos hacen referencia a las ‘diez palabras’, pero es en la Nueva Alianza en Jesucristo donde se revelará su sentido pleno. El Decálogo se comprende, ante todo, en el contexto del Éxodo, que es el gran acontecimiento liberador de Dios, en el centro de la Antigua Alianza. Ya sean formuladas como preceptos negativos o interdicciones [“no harás...”], ya como mandamientos positivos (por ejemplo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’), las ‘diez palabras’ indican las condiciones de una vida liberada de la esclavitud del pecado. El Decálogo es un camino de vida: ‘Si amas a tu Dios, andas en sus caminos y guardas sus mandamientos, leyes y costumbres, vivirás y te multiplicarás’ (Dt 30, 16).” (CIC, § 2056-2057).

Los Diez Mandamientos fueron resumidos por el propio Jesús en el amor a Dios y en el amor al prójimo². Él, por su autoridad, no rechaza los Diez Mandamientos como guía de conducta para el Pueblo de Dios, sino que da la verdadera interpretación de los Diez Mandamientos³, así, no los interpretamos como los judíos, sino como cristianos católicos, puesto que la Iglesia anuncia e interpreta, a la luz del Espíritu Santo, el Decálogo para cada contexto, siendo su transgresión un pecado grave.

Decálogo

Los Diez Mandamientos

Mandamento 1: Adorarás al Señor, tu Dios, y le servirás,

esto es, Él es el centro de nuestra vida, objeto de nuestra fe, esperanza y amor, rindiéndole todo auténtico culto y rechazando cualquier otra cosa que le quite esa centralidad al Señor, como la superstición, la magia, el dinero, los bienes, las personas, las doctrinas extrañas, etc.

Mandamento 2: “No pronunciarás el nombre del Señor tu Dios en vano,”

es decir, el nombre de Dios debe usarse para proclamar su amor, su misericordia, y no lo contrario a eso, como jurar en falso en su nombre. Así, se mantiene la dignidad de bautizados y de marcados por el nombre de la Trinidad.

Mandamento 3: “El séptimo día será sábado, día de descanso consagrado al Señor” (Ex 31,15),

es decir, para los judíos, el sábado era sagrado, recordando el descanso divino en la creación y la memoria de la liberación. Para los cristianos, el día sagrado es el domingo, la recreación por la resurrección de Jesús, entre otros que adquieren carácter de precepto sagrado, como la Inmaculada Concepción. Faltar a la Misa dominical es pecado grave, pues la mayor comunión con Dios es por medio de su cuerpo que es dado por él mismo a nosotros, pero, a veces, rechazamos eso.

Mandamento 4: “Honra a tu padre y a tu madre” (Ex 20, 12).

Después de Él, Dios quiso que honráramos a nuestros padres, manteniendo la armonía respetuosa en la vida familiar. Sin embargo, los padres también tienen sus deberes de educación, promoción de la vocación elegida, el sustento físico y espiritual, así como las otras obligaciones acogidas en el Matrimonio. Otras autoridades verdaderamente constituidas también deben ser respetadas en sus derechos y requeridas en sus deberes para con la vida.

Mandamento 5: “No matarás” (Éx 20, 13).

La vida humana es sagrada y pertenece al Creador. Por eso, para nosotros los cristianos, es pecado cualquier acto contra la vida desde la concepción hasta la muerte natural, como el aborto, la guerra, la eutanasia, el asesinato, etc., excepto en caso de verdadera legítima defensa. También se puede matar no solo físicamente, sino espiritualmente, como por ejemplo, cuando no se concede el perdón.

Mandamento 6: “No cometerás adulterio” (Éx 20, 14).

Este mandamiento toca toda la parte afectiva y sexual de la persona humana. La sexualidad debe vivirse dentro del matrimonio en vista del bien de los esposos y de la apertura a la vida; fuera de esto, la belleza de la sexualidad se desarmoniza y desintegra. Así como la bebida y los juegos, la sexualidad también puede ser vía de esclavitud, condicionando a la persona en comportamientos adictivos y nocivos para la salud.

Mandamento 7: “No robarás” (Éx 20, 15).

Los bienes están destinados al bien del hombre en vista de su salvación; cualquier acto que perjudique al prójimo, a la creación o a la justicia, especialmente con los pobres, es pecado grave, porque el dinero o el bien material toma el lugar de Dios y retira el amor al prójimo. Todo desarrollo económico busca al hombre entero y su fin último y más importante: el cielo. El egoísmo de tener lo que es del otro o acumular lo que no se necesita mientras el hermano lo necesita es una falta grave.

Mandamento 8: “No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex 20, 16).

La verdad es manifestación del Evangelio, del hombre nuevo tocado por la Verdad encarnada. Contrario a esto está la mentira, que es “decir falso con la intención de engañar al prójimo”, además del falso testimonio sobre alguien, la calumnia, etc. En ciertas ocasiones, la verdad no debe ser expuesta, como exige el secreto sacramental o profesional.

Mandamento 9: No codiciarás las personas de tu prójimo (Ex 20, 17).

Mandamento 10: No codiciarás las cosas de tu prójimo (Ex 20, 17).

Estos dos están totalmente ligados⁴.

La pureza de corazón nos deja libres de la codicia carnal y material, mirando las cosas y a las personas como Dios ve, sin intención utilitarista o envidiosa, siendo fomentada por el pudor en los vestidos, el desapego y la oración constante.

Ante los Mandamientos, es preciso reconocer la necesidad de un camino anterior, porque si son expuestos sin crear una relación amorosa entre Dios y el hombre, se vuelven fríos y rigurosos, como si fuera un intento de controlar la libertad humana, y no un acto amoroso de liberación de Dios. En ese sentido, es necesaria la oración. Esta es don de Dios, es una alianza del corazón, es expresión de comunión íntima, es gracia que nos impulsa a vivir a la manera de Cristo, en el Espíritu. La oración es un diálogo amigo y sincero que crea una relación modeladora del corazón del fiel, sintiéndose amado día a día. No vivimos simplemente conducidos por la Ley de los mandamientos, sino por la Ley del Espíritu⁵ que nos mueve a cumplirlos en vista de configurarnos a Jesús, el hombre pleno. Así, son necesarias disciplina y constancia en la oración, si no podemos olvidarnos de Dios y de quiénes somos

Notas

  1. 1Sinaí es la montaña donde Dios reveló a Moisés y al pueblo sus mandamientos, siendo uno de los momentos más importantes del Antiguo Testamento, considerado la segunda Pascua, pues daba identidad al pueblo de Israel en cómo vivir ahora libre.
  2. 2Cf. Mt 13, 36-43.
  3. 3Cf. Mt 5, 17.
  4. 4Cf. Catecismo, § 2534.
  5. 5Rm 8.

Fonte: Manual do Romeiro – Santuário do Senhor Bom Jesus do Bacalhau – Piranga/MG, 2026 – páginas 22 a 24.

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